EL ALMUERZO FAMILIAR

Un domingo toda la familia se reunió para celebrar el cumpleaños de Pedro, que cumplía 7años. Estaban sus padres, sus a abuelos, pero cuando todos estaban conversando alegremente, después de haber comido y alrededor de un hermoso frutero con todo tipo de frutas, su padre se dio cuenta de que Pedro estaba quieto, callado y mirando atentamente a algo muy pequeño que había sobre la mesa.

– Hijo, ¿no quieres una fruta?

El niño estaba tan concentrado que no respondió y su padre, con la mitad de la manzana en la mano para ofrecérsela, decidió acercarse a él. Y entonces se dio cuenta que Pedro tenía una pequeña semilla en la mano derecha. Pedro le preguntó a su padre:

– ¿Qué es esto?

– Eso ayer era una manzana igual que la que tengo en la mano.

El niño miró a la manzana que le ofrecía su padre y volvió a mirar la semilla de su mano, y respondió:

– No papá, esto es igual que las semillas de ese trozo de manzana

Su padre decidió explicarle que la manzana era antes como esa semilla, y que después de un cierto tiempo podría transformarse en manzanas si tuvieran las condiciones necesarias. Le explicó que la semilla que tenía en la mano nunca sería una naranja o un plátano ni ninguna de las otras frutas que había en el frutero de la mesa, pero si la sembraba llegaría a ser un manzano que darían muchas manzanas.

Pedro, que ya se estaba comiendo la manzana que le ofrecía su padre pregunto:

– ¿Va a ser una manzana dulce como esta?

– Depende, puede ser ácida, dulce, grande, pequeña, dura, blanda, sabrosa, sin sabor… Eso dependerá de la lluvia, del viento, del terreno, del sol, del calor, de los animales, y de los elementos que tenga la tierra para crecer.

El pequeño no esperó a que su padre terminase de hablar, cogió varias semillas del trozo de manzana que se estaba comiendo, corrió hacia el jardín e hizo algunos hoyos para sembrarlas. Su padre lo acompañó, le enseñó a plantarlas, a regarlas, a abonarlas y cuidarlas.

Años después, mientras comía manzanas con sus hijos en el huerto, Pedro les contó lo que había aprendido de su padre. Los manzanos bien cuidados dan manzanas bonitas, dulces y sabrosas.

Moraleja: tu mente es el pie de tu semilla, que conduce por los ambientes más propicios o no para el desarrollo de tu personalidad, pero tú eres el que decide, siempre y en cada momento. Creer que eres capaz de decidir cómo ha de ser tu vida es un paso esencial para realizarte y conseguir tus ideales.

Un abrazo a todos

Juan González

http://www.genios.com.es

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